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domingo, 3 de abril de 2011

Se acabó...

Después de una semana movidita negativamente, llegó el fin de semana acompañado de la vuelta de la Liga BBVA después de los compromisos internacionales. Yo lo avisé en Twitter: El Real Madrid, a pesar de ser uno de los mejores equipos de España, Europa y del Mundo, iba a sufrir con las bajas de los pilares fundamentales en estos momentos. Las cuatro bajas más importantes que puede tener esta escuadra (Cristiano Ronaldo, Xabi Alonso, Marcelo y Benzema) daba pie a una posible campanada del Sporting de Gijón en el Bernabéu, aunque con mala suerte, provocada por Juan Pablo y un Miguel de las Cuevas que batió con un tiro ajustadísimo a Iker Casillas.

También avisé que el Barcelona iba a ganar. Lo hace cuando lo tiene que hacer, en momentos ásperos y cuando no se puede fallar. La suerte de la ceguera del árbitro, permitió a Gerard Piqué controlar un balón con el brazo izquierdo y batir a bocajarro al portero del Villarreal, Diego López. Esto deja en 8 puntos la distancia sobre el equipo de Mourinho, la mayor distancia de toda la temporada... pero en la recta final de la campaña.

En el segundo plano de la Liga, mi Valencia se sobrepuso a una mala primera mitad con unas ganas típicas del equipo esta temporada, pero con la diferencia de que esta vez, la pelotita quiso entrar. Victoria abultada del Valencia en Getafe, pero no me dio la tranquilidad de haber vuelto a los cabales del trabajo bien hecho.

Por último, el Albacete volvió a la senda de la victoria con un solitario gol de Tato, aunque, francamente... Tampoco me alegra que haya sido contra el equipo de la ciudad de mi madre, el Salamanca, que deja a los dos equipos a años luz de la salvación.

Este ha sido mi resumen del sábado, dejando fuera de lugar a la emoción. Vuelveré el viernes con el resumen del 5º y definitivo partido de la Euroliga de baloncesto entre el Real Madrid y el Power Electronics Valencia.

Un saludo!

twitter.com/_jorgemoreno

jueves, 10 de marzo de 2011

No es una simple derrota más

Anoche, en casa de mis amigos Manu, Dani y Adri, fui testigo de las pocas derrotas inexplicables que sacan de quicio a cualquier forofo del fútbol. El Valencia cayó en Gelserkinchen, en el estadio del Schalke 04, en los octavos de final de la Liga de Campeones por 3-1.

A diferencia de la derrota con el Barcelona, ésta me dejó un mal sabor de boca que me costarán muchos días y cubatas olvidar. En Mestalla contra el equipo de Guardiola, se vieron ganas, ímpetu y presión ante un equipo superior (superior a todos), y quién sabe si el Valencia no habría podido ganar de no ser de contar con Messi, el  Dios del fútbol ahora mismo, entre las filas del Barça. Acabó el partido y me dieron ganas de salir a la calle con la camiseta de mi equipo, orgulloso de ser el conjunto que más dificultades le ha puesto al mejor equipo de la historia para ganar tres puntos. Y ahora llega mi enfado. Eran sólo tres puntos. Tres puntos en una Liga donde ni siquiera cuentas con ellos, y desde un principio "te haces la idea" de que no los vas a poder sacar. El caso del partido de anoche, no eran tres puntos. Eran unos octavos de final de la Champions, era prestigio en Europa, era una suma de dinero por ingresar importante, y más aún a un equipo que tanta falta le hace. No vi eso en el campo.

Dudo que fuera la presión del campo, porque por mucho ambiente que se viviera en Alemania, se plantó cara en todo un Old Trafford o un Santiago Bernabéu. Dudo que sea la superioridad técnica o táctica del Schalke, porque Felix Magath olvidó totalmente el centro del campo y formaba en el lateral izquierdo, ayer insuperable, Sergio Escudero, un futbolista que la temporada pasada formaba en el Murcia B. 

El Valencia perdió por esos motivos desesperantes para el espectador y los entrenadores, el estado anímico y la condición física. Si Mathieu no puede aguantar 90 minutos, Jordi Alba puede aguantar 130 seguidos y encima en un estado de gracia ilusionante para el futuro. Pero junto con eso, y la falta de garra de Éver Banega, quien está empezando a perder mi confianza, el Valencia perdió una oportunidad de oro que le había brindado un gol muy afortunado de Ricardo Costa y, sobre todo, un sorteo generoso.

Se acabó la emoción a la temporada. Y con esto me refiero a otras de las cuestiones por las que anoche no fue una simple derrota más.

martes, 15 de febrero de 2011

Volvemos... para quedarnos.

Aquella fatídica noche. La desgracia de San Siro. El día que vimos a Oliver Kahn con más rabia que nunca...

Hay millones de nombres para definir la noche del 23 de abril (día de San Jorge) de 2001, en la que el Valencia volvía a una final de Champions League por segundo año consecutivo.

Por aquel entonces, yo acababa de cumplir una semana antes mis 11 añitos, y jugaba en el Club de Tenis Benidorm, razón por la cual no me dio tiempo a ver el gol de Gaizka Mendieta de penalti en el tercer minuto de juego. Recuerdo, sentado en el asiento trasero de un Toyota Corolla, con Luis, mi padre, conduciendo, y mi madre, Feli, sentada a su derecha, volviendo del Polideportivo, de un entrenamiento como un miércoles cualquiera, y de camino a casa lo más rápida y responsablemente posible, escuchando el ya olvidado(por mi parte), Carrusel Deportivo de la Cadena Ser, y el partido narrado por Manolo Lama. A los 2 minutos de juego, oímos al cordobés gritando "¡Penalti a favor del Valencia!", y un inocente chavalín de poco más de una década de vida diciendo: "¡Papá! Si marca Mendieta, dale al cláxon". Y así hizo.

Mi padre, que tantas horas de fútbol he pasado con él y mi compañero favorito delante de una televisión, me dijo en ese momento: "Tranquilo, el Valencia va a ganar". Ahora me río, porque en ese momento me tranquilicé bastante, pero años después, hacemos repaso de comentarios con resultado totalmente opuesto que ha hecho este pobre hombre, y es ya una tradición, como aquel comentario de "es flojito ese Cristiano Ronaldo, ¿no? Vaya pufo...".

Ya en la segunda parte, Effemberg marcó de penalti la igualada, y hasta el último momento mantuvimos la esperanza de que Cañizares detuviera la pena máxima por segunda vez en esa noche. Pero no. Esta vez, Effemberg tiró tan bien el penalti que Cañizares ni se precipitó al suelo. 

Y llegó. Llegó la tanda de penaltis. Con el fallo inicial de Paulo Sergio, veíamos cada vez más cerca ese sueño de conseguir lo que un año antes el Real Madrid no nos arrebató sin dejarnos ni pelear por ello. Mi padre volvió con sus "presagios" tan acertados: "Esto está ganado, Jorge, está ganado...". Fallaron Zahovic y Carboni...

A pesar de todo, me acordaré de mi padre esa noche, porque no se le ocurrió mejor momento para acertar en sus predicciones. Sí, dijo: "Pellegrino falla...". Y paró Kahn.

Fueron lágrimas e insultos los que compartimos Cañizares y yo esa noche, por lo que hoy, en Mestalla, tenemos la oportunidad de devolverle a Alemania un sueño roto, una desilusión, y una bajada de humos a toda la prensa parando en seco la racha de Raúl. Volvemos a caminar por un camino de brasas, y sólo llega uno al final. No sé que pasará, pero ilusión nos sobra. Esta vez, volvemos para quedarnos.

Amunt València