jueves, 10 de marzo de 2011

No es una simple derrota más

Anoche, en casa de mis amigos Manu, Dani y Adri, fui testigo de las pocas derrotas inexplicables que sacan de quicio a cualquier forofo del fútbol. El Valencia cayó en Gelserkinchen, en el estadio del Schalke 04, en los octavos de final de la Liga de Campeones por 3-1.

A diferencia de la derrota con el Barcelona, ésta me dejó un mal sabor de boca que me costarán muchos días y cubatas olvidar. En Mestalla contra el equipo de Guardiola, se vieron ganas, ímpetu y presión ante un equipo superior (superior a todos), y quién sabe si el Valencia no habría podido ganar de no ser de contar con Messi, el  Dios del fútbol ahora mismo, entre las filas del Barça. Acabó el partido y me dieron ganas de salir a la calle con la camiseta de mi equipo, orgulloso de ser el conjunto que más dificultades le ha puesto al mejor equipo de la historia para ganar tres puntos. Y ahora llega mi enfado. Eran sólo tres puntos. Tres puntos en una Liga donde ni siquiera cuentas con ellos, y desde un principio "te haces la idea" de que no los vas a poder sacar. El caso del partido de anoche, no eran tres puntos. Eran unos octavos de final de la Champions, era prestigio en Europa, era una suma de dinero por ingresar importante, y más aún a un equipo que tanta falta le hace. No vi eso en el campo.

Dudo que fuera la presión del campo, porque por mucho ambiente que se viviera en Alemania, se plantó cara en todo un Old Trafford o un Santiago Bernabéu. Dudo que sea la superioridad técnica o táctica del Schalke, porque Felix Magath olvidó totalmente el centro del campo y formaba en el lateral izquierdo, ayer insuperable, Sergio Escudero, un futbolista que la temporada pasada formaba en el Murcia B. 

El Valencia perdió por esos motivos desesperantes para el espectador y los entrenadores, el estado anímico y la condición física. Si Mathieu no puede aguantar 90 minutos, Jordi Alba puede aguantar 130 seguidos y encima en un estado de gracia ilusionante para el futuro. Pero junto con eso, y la falta de garra de Éver Banega, quien está empezando a perder mi confianza, el Valencia perdió una oportunidad de oro que le había brindado un gol muy afortunado de Ricardo Costa y, sobre todo, un sorteo generoso.

Se acabó la emoción a la temporada. Y con esto me refiero a otras de las cuestiones por las que anoche no fue una simple derrota más.